08 enero 2008

EL COLECCIONISTA


Paró en seco al oir aquella voz a sus espaldas que se lo ordenaba.

Levantó los brazos cuando se lo pidieron y colaboró en todo lo que le fue posible pero no lo suficiente como para obtener el indulto del asaltante.

Un golpe seco en la cabeza le hizo caer contra el duro y frio suelo y todo lo demás son recuerdos borrosos indescriptibles.

Amaneció solo y con dolor de cabeza en una celda poco iluminada. Al intentar levantarse del catre notó que le era imposible pues se encontraba atado de pies y manos con unos grilletes y cadenas. Esperó.

Entró un hombre y le ofreció agua que no rechazó. Se la bebió de un trago debido a la sed acumulada. Pronto comenzó a sentir sueño y de nuevo dejó de recordar.

Cuando por fin despertó lo primero que vio fue un televisor. Ya no estaba atrapado por los grilletes. Se levantó e inspeccionó la celda. No le costó mucho pues solo disponía de la cama, un orinal y aquel televisor.

Supo al instante que la presencia de aquel televisor algún objetivo tendría y si se lo habían dejado allí era con la intención de que lo encendería.

Cinco minutos aguantó sin encenderlo pero al final apretó el botón.

No tardó mucho en darse cuenta que el lugar que aparecía en el televisor era su casa. Parece ser que alguien había instalado cámaras en sus habitaciones.

Pronto pudo reconocer a su mujer, a su hijo y al perro que iba y venía. La sorpresa vino cuando su mujer entró en su habitación, se desvistió y se metió en la cama. Al instante un hombre entró en escena y se introdujo también en la cama.

No podía creer lo que estaba viendo, jamás se imaginó que su mujer tuviera un amante y menos que se viesen en su propia habitación. Una mezcla de frustración y enfado le abordó. No podía apartar los ojos de aquel televisor pero a la vez deseaba hacerlo.

El hombre salió de la cama y fue hacia el baño. Las cámaras le siguieron y cuando se estaba mirando en el espejo un zoom hizo posible que le pudiera ver la cara.

El sentimiento de enfado y frustración desaparecieron de repente y fueron sustituidos por el de asombro y confusión. Estaba presenciando algo que jamás imaginó que pudiera presenciar nunca. El tipo que se estaba contemplando en el espejo del baño era él mismo.

¿Entonces se trataba de una grabación? Él no recordaba ese momento. No tenía la sensación de que aquellas imágenes fueran parte de su pasado y la acción que efectuó al instante se lo verificó.

Aquello no era una grabación. Encendió la tele y estaban echando las noticias de hoy y la hora coincidía. Aquello era en directo.

Se sentó en la cama y desde allí siguió viendo lo que ocurría al otro lado del televisor, osea en su casa. La vida continuaba como si no pasase nada.

Un farsante le estaba sustituyendo y su mujer ni siquiera se daba cuenta.

Al menos eso era lo que él creía, pues la realidad era que su mujer estaba en la celda de al lado viendo otra televisión en la que aparecían su marido y su hijo acompañados por una mujer que se hacía pasar por ella.

En el piso de arriba un hombre observaba desde su cómodo sofá las reacciones de todas esas personas a las que había robado sus vidas y a las que daba la oportunidad de poder ver en directo por televisión lo que deberían estar viviendo pero ya lo hacen otros por ellos.

Pronto el coleccionista de vidas se aburrirá y saldrá a la calle dispuesto a ampliar su colección.



FOTO: Matatias 2

4 Comments:

Anonymous aiyana said...

ja ja muy bueno, desde luego ya no saben que colecciónes inventar,cualquier día la sacan por entregas.

09 enero, 2008 10:00  
Blogger Bito said...

Hostia qué bueno, me has enganchado desde el principio, canalla. A veces es dificil encontrar cuentos que tengan una trama interesante. Que estén bien escritos hay muchos, pero a veces lo que faltan son las ideas, la imaginación... y me alegra descubrir que en este caso usted la ha usado.

Un saludo,

09 enero, 2008 21:59  
Blogger Elisa said...

en realidad... cuantas veces dejamos que se coleccione nuestra vida mientras la observamos impasibles frente a un "televisor"

11 enero, 2008 07:59  
Blogger rossana said...

Concuerdo con Elisa, la televisión nos tiene pegados a su lado, como estampillas en el álbum. Me gustó tu cuento. Hay una obra de teatro de Agustín Cuzzani, llamada "El centroforward murió al amanecer" donde aparece un personaje que colecciona seres humanos únicos en su género. El mejor centroforward, la bailarina, etc. Pero en este caso, lo terrible es que por lo visto, la amenaza es para cualquiera. Saludos.

21 enero, 2008 11:26  

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