21 julio 2006

CAMBIO DE VIDAS

Esta noche acabará como todas, tumbado, detrás de cualquier contenedor tapado con el cartón de cualquier marca de frigorífico, tiritando y oliendo a vino barato y orines de perro.
Mañana no tiene que madrugar, pues no tiene trabajo desde hace ya más de un año. El ruido del tráfico y las voces de las primeras personas que transitan por la calle son su despertador.



A doce metros de altura más o menos, alguien se levanta sobresaltado por el timbre de un teléfono móvil. Le recuerdan que hoy tiene esa reunión tan importante con aquellos directivos de la empresa.
Ha dormido mal pensando la manera de afrontar aquella reunión, de la cual dependía el futuro inmediato de la empresa.
Un ligero dolor de cabeza le aturde. Ayer se fue tarde a dormir, después de un día duro de revisar decenas de informes y de efectuar un gran número de llamadas.
No desayuna por que anda justo de tiempo y por que tiene el estómago revuelto por los nervios.
Se pone un buen traje y frente al espejo se anuda una corbata que haga juego. Su aspecto es algo enfermizo. Las ojeras son casi imposible disimularlas y en sus sienes se nota el galopar de sus desbocadas pulsaciones.



Dobla un poco los cartones y busca un buen lugar para esconderlos para la noche siguiente. Se pasa la mano por la cara notando que tiene ya muy crecida y desaliñada la barba. Tendrá que buscar una fuente para asearse.
A su alrededor el mundo va muy deprisa y un pobre vagabundo como él pasa totalmente desapercibido.
Coge sus escasas pertenencias y echa a andar arrastrando los pies en busca de una fuente.



Salió a la calle con el maletín en la mano y mirándose el reloj. Pudo comprobar que iba justo de tiempo. Cogería un taxi.
Iba pensando en todo lo planeado para la reunión, cuando se disponía a cruzar la carretera. El claxon de un coche le sacó de su ensoñación y giró la cabeza. En este momento chocó con alguien que hizo que se le cayera el maletín.



Se le cayó el hatillo al suelo. “Mire por donde va”, le dijo aquel hombre de traje que había chocado con él, “casi me tiras al suelo, mira lo que has hecho con mi maletín”, dijo enseñándole el maletín con unas pequeñas manchas. “Lo siento”, respondió el vagabundo sabiendo que no había sido culpa suya, “a mi también se me cayó lo mio”. El hombre trajeado miró hacia el hatillo que todavía estaba en el suelo. Sonrió, “no pensarás hacer comparaciones, tus trapos sucios con mi herramienta de trabajo”. El vagabundo le miraba sin saber que contestar. “Mira, no tengo tiempo ni ganas de discutir, tengo cientos de cosas más importantes que hacer que hablar contigo”, dijo el trajeado con la intención de marcharse. “Yo no tengo nada que hacer”, respondió el vagabundo. “¿Qué?”, preguntó el hombre del traje asombrado. “Que yo no tengo nada que hacer”, volvió a decir el vagabundo, “si quiere le ayudo”. El hombre del traje echó a reir a carcajadas, “estás loco, ja, ja, ja, quita que llego tarde”, dijo echando a andar. El vagabundo se le quedó mirando y dijo en alto para que le oyera, “lo que te pasa es que no aguantarías vivir como vivo yo ni un día”. El hombre del traje paró en seco y se dio la vuelta y fue hacia el vagabundo. “¿Cómo has dicho?”. El vagabundo se lo repitió y el hombre trajeado muy serio dijo, “está bien, hagamos la prueba”. El vagabundo le miraba asustado, “cambiaremos por un día, tu te vas a mi trabajo y haces mi vida y yo me quedo en la calle con tus harapos”.

Al principio el vagabundo se lo tomó en bromas, pero cuando vio que iba en serio accedió preocupado al desafío.
Se metieron en una caseta abandonada y se cambiaron las pertenencias, las ropas y se dieron todas las instrucciones necesarias para llevar a cabo el experimento.
El vagabundo fue a la reunión y a todas las demás obligaciones que tenía que llevar acabo ese día y el hombre del traje, vestido con la ropa del vagabundo, estuvo toda la mañana por la calle vagabundeando.

Quedaron a última hora de la tarde en el sitio donde chocaron por la mañana. Llegó antes el vagabundo trajeado con una cara de cansancio terrible. Al rato llegó el ejecutivo haraposo.
Se miraron y primero habló el ejecutivo, “estuvo muy bien la experiencia, se me ha ocurrido que podríamos estar así una semana, para evadirnos un poco de la rutina”.
No”, contestó rápidamente el vagabundo, “ni loco, yo no aguanto tu mierda de vida dos días seguidos”. Se miraron y echaron a reir. “A partir de hoy yo tampoco”, dijo el ejecutivo, “si no te importa tener un compañero de vagabundeo”.
Dejaron tirados en una papelera el traje, el maletín y el móvil, que sonaba mientras se alejaban los dos riendo y bromeando.

11 Comments:

Blogger Viuda de Tantamount said...

Ufff...eso, lo he pensado un montón de veces....

Cómo sería poder cambiar de vida un par de dias al mes....y ser gitana en el rastro, cajera en el dyper o jugadora de bridge....

Alguien quiere que probemos?

22 julio, 2006 12:12  
Blogger Eulalia said...

Hay trampa: el ejecutivo JAMÁS pensaría en cambiarse con el vagabundo ANTES del infarto.
Y el vagabundo, si conoció antes esa vida, ni loco hubiera aceptado; si no la conoció, se cagaría de miedo...
Pero la historia tiene un nosequé que qué sé yo...
Un beso

22 julio, 2006 19:44  
Blogger Empiezo a entender said...

Me gustó.

23 julio, 2006 07:13  
Blogger Jean Bedel said...

Me ha gustado la historia, eso si, me recuerda vagamente, salvando todas las distancias claro, a una peli de Eddy Murphy de esas que ponen despues de comer en Antena 3 :-)

23 julio, 2006 09:59  
Blogger Peasho said...

Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

24 julio, 2006 10:43  
Blogger Peasho said...

Hey..... Me ha gustado el relato... Lástima que la vida de vagabundo no sea tan "gratificante", sobre todo en invierno, pero como fábula es buena...
Un saludo!

24 julio, 2006 10:45  
Blogger Macacolandia said...

Es verdad, una vez la acabé, pensé que quizás daba la sensación que la vida de vagabundo o mendigo era fácil, sin preocupaciones y ociosa, pienso que no es así, sino todos hariamos lo posible por ser vagabundos, solo quería significar lo chunga que es la vida de alguien que se pasa su vida trabajando lleno de estress y preocupaciones.
Respecto a lo de película de antena3, puede ser, el subconsciente a veces me juega malas pasadas.

24 julio, 2006 13:37  
Blogger Angel y Demonio said...

Ingrata de miiiiii!!! Mea culpa, no había pasado por acá, asi que me lei todo de un tiron. Y no fue en castigo, eh? Mira que me encantan tus post! Saludos muchos!

24 julio, 2006 22:43  
Blogger Gavanido said...

Hasta los vagabundos caen en la rutina. La única manera de evitarla es vivir una vida distinta cada dos días, pero la única agencia que ofrecía semejante servicio quebró, y sus empleados son hoy vagabundos tristes e imaginativos.

25 julio, 2006 00:47  
Blogger churra said...

Vivir la vida de otro durante "un ratito"...no estaria mal.
Mas tiempo no, mas vale lo malo conocido

25 julio, 2006 21:42  
Blogger Macacolandia said...

a y d: siempre serás bienvenida por aquí, a ver si tengo un rado y me paso por tu blog
gavanido: pues es una pena que quebrara pues prometia ese negocio.
churra: si, tienes razón solo un rato no sea que luego nos pese.

25 julio, 2006 22:52  

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