18 abril 2006

La Próstata del Abuelo

Hoy Juan ha comprado el perro que abandonará en agosto.

Todos en casa le acogen con júbilo y expectación. Mueve el rabo agradecido. Todas las miradas clavadas en él. Su lomo soporta los toqueteos de los más pequeños.

Los primeros días son los mejores. Hoy se pegan por darte de comer, por sacarte a pasear, por tirarte la pelotita.
Mañana no serás ya motivo de disputas.
Pasado volverán a reñir para ver quien “no” te da de comer, quien “no” te saca a pasear, y nadie te tirará ya la pelotita.

A la hora de programar las vacaciones nadie se va a acordar de ti, y si te haces oír y se acuerdan entonces será peor.

El rincón de tus juguetes cada vez está más vacío, y los pocos que quedan están cada vez más rotos.

El verano se acerca. Tu lomo cada vez recibe menos manos. Los días se alargan y tu correa cada vez es más corta.

El perro de Juan ya tenía escrito el destino el día que llegó. Vino en vacaciones y se irá en vacaciones. A él no se le olvidará, a Juan ya se le ha olvidado.

Hizo su último viaje intuyendo su destino, aunque iba a hacer cómo si no se diera cuenta para no hacerlo más difícil.

Por fin paró el coche y todos salieron, yo también. Miré a cada uno de ellos por última vez, sintiéndome cómo preso en el corredor de la muerte. Ningún atisbo de pena en sus caras, eso me dolió.

Todo fue muy rápido. Cuando quise darme cuenta ya estaba alejándose el coche. Cuando parecía que nadie iba a mirar hacía atrás, el abuelo giró la cabeza y durante un instante se vio reflejado en mí, y de repente no se sintió seguro, y fue entonces cuando decidió que en la próxima gasolinera no iba a bajarse a mear.

1 Comments:

Anonymous Fanny said...

jo!

19 abril, 2006 22:33  

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