23 agosto 2006

EL MOMENTO

¿Cuánto tiempo ha de pasar?, no podemos esperar más. Los demás han marchado ya y nosotros aquí, mirando al horizonte.

Ellos tienen esperanza, yo la agoté entera. Se que no van a venir, aunque ellos insistan que sí. Es muy tarde, de venir, ya lo habrían hecho hace tiempo, cuando todos.

El éxodo masivo había comenzado hace un mes. Al principio pasaba gente casi todo el rato, y según transcurrían los días el flujo de personas fue disminuyendo hasta el miércoles, que fue cuando pasaron las últimas dos personas. Nunca había transcurrido tanto tiempo entre grupo y grupo.

Las posibilidades de que alguien apareciera eran mínimas, y si alguien lo hacía, vendría en muy malas condiciones.

Algunos dicen que es absurdo huir, pues tarde o temprano nos atrapará, que no es cuestión de distancias si no de suerte, y que cuando te atrapa ya no hay nada que hacer.

Yo no tengo miedo, lo que tenga que venir vendrá, ¿Quién soy yo para interponerse en el destino?. Se sabía que más tarde o más temprano tenía que suceder algo así, nos lo merecíamos.

Un ruido a lo lejos me sacó momentáneamente de la ensoñación en la que me encontraba. Basta de especulaciones, me dije, ya se acercan.

Cada vez se oía más fuerte el batir de sus alas y el terrorífico ruido que producían sus graznidos.
Poco a poco el cielo se fue oscureciendo y la atmósfera se hizo irrespirable.
Notaba como por mi nariz entraba aire enrarecido que llegaba a los pulmones, rasgándolos inmediatamente.
Mis compañeros cayeron al suelo echándose las manos a la garganta, intentando vencer esa sensación de miedo que causa la muerte cuando llega de esta forma.

Así que era verdad, pensé, todos moriremos por fín. El fin de esta enloquecida humanidad se acerca, sin nada que lo remedie esta vez. Otra bocanada de aire contaminado llena mis pulmones, haciéndome sentir un ardor descomunal. Cierro los ojos intentándome relajar, para ver si de esta forma se hace más llevadero el trágico momento.
Me mareo por la falta de oxígeno y noto como cientos de bichos alados se abalanzan sobre mí dándome violentos picotazos por todo el cuerpo. Suerte que ya no siento absolutamente nada. El final del planeta llegó por fin.

10 Comments:

Blogger Eulalia said...

Sí. Así puede ser el final.
Un beso

23 agosto, 2006 21:58  
Anonymous aiyana said...

He relacionado tu relato, con la historia de una ciudad donde estuve en verano, y he imagianado la muerte de las personas de esa ciudad... muy parecido a lo que describes aquí... se me olvidaba la ciudad es Pompeya. Me fascinó.

24 agosto, 2006 10:04  
Blogger Viuda de Tantamount said...

Agg... lo imagino justo al reves, nada apocaliptico...
Con una invasión de luces, todo se queda en silencio, desparecen ciudades y casas, y el mundo se convierte en calma....,mucha calma.

24 agosto, 2006 11:50  
Blogger Macacolandia said...

que envidia Pompeya, quien pudiera.
Viuda: en los dos casos al final llega la calma.
Un saludo

24 agosto, 2006 15:33  
Blogger Angel y Demonio said...

Me recordó a la peli "Los Pajaros", de Hitschcok... (se escribe asi?), qué miedo... preferiría perecer de repente... sin tanta angustia de por medio. Besos!

25 agosto, 2006 03:46  
Blogger mamen somar said...

Qué tremendista leñe.
Por eso lo del dicho está divino. "Antes de que te coman los gusanos..."
Un beso final...
Mamen

27 agosto, 2006 23:22  
Blogger natalia jt said...

a tomar por culo todo y todossss!!!! di que sí, humanidad estúpida que se mata a si misma y se carga el planeta!!
suicidio colectivo ya!!! abajo los humanos

28 agosto, 2006 14:27  
Blogger Macacolandia said...

Por muy tremendista y horroroso que parezca tarde o temprano tiene que pasar, no de esta forma pero pasará, y es mejor estar preparado.

28 agosto, 2006 15:28  
Blogger Angus Scrimm said...

Me has dado una idea para mi blog...Gracias

Luego, me ha gustado tu relato. Me encantaría que el final de la humanidad fuera así, una especie de humillación y de vergüenza por ser anquilados por unos cuantos pájaros.

29 agosto, 2006 12:59  
Blogger Viuda de Tantamount said...

Oye...la esperanza, no la agotas...Es reciclable, como el papel, cuando esta muy arrugada, alguien la hace polvo, con el polvo, pasta.
Y con la pasta, te compras una nueva, o un coche en su defecto.

Es el cuento de la lechera Esperanza.

No sé que me da este post, que cuanto más lo leo, más me gusta¡¡¡

01 septiembre, 2006 21:33  

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